31. Fuego cruzado
Roxana
Los vidrios del jarrón seguían en la esquina de mi oficina mientras esperaba a la mejor amiga de mi esposo, a la mujer que nunca pude alejar de él y que incluso trajo a trabajar junto a él.
Claudia asomó la cabeza, su nerviosismo palpable.
—Señora Di Marco... La señorita Moretti recibió una llamada y se marchó. Dijo que volvería. Pero hay algo más que debe saber.
Me enderecé en la silla, preparándome para otro golpe.
—Me enteré que la señora Giulia ordenó su despido ayer temprano y que e