24. Evidencias
—Rox, no tienes que hacerlo ahora.
El sol de la mañana me lastimó los ojos cuando salí del apartamento de Lucía. Llevaba la misma ropa de ayer, pero no me importó.
—Tengo que sacar sus cosas de mi casa, Lu —respondí, con la voz ronca por el llanto de anoche.
Me ajusté el cabello y miré el taxi. No quería procesar. No quería sentir. Solo quería actuar.
Lucía suspiró, ese suspiro profundo que reservaba para cuando sabía que estaba perdiendo una batalla antes de empezar a pelearla.
—De acuerdo. Pe