25. Traición familiar
Roxana
Ellos ya lo sabían.
Aparqué junto a la fuente de mármol de la mansión Di Marco y suspiré. Después de la llamada con Francesco, me sentí en una nebulosa que persistía hasta ahora que ya era lunes.
Enviaron a alguien por las medicinas de Andrea que olvidé la noche anterior cuando salí corriendo de mi propia casa y aunque no lo pensé al momento de entregarlas, esta mañana, con la llamada de Francesco, cobraba todo el sentido del mundo.
«Necesitamos hablar contigo. Ven a las diez.»
Su tono m