La noche cayó sobre la aldea, no como un manto de descanso, sino como un velo para el complot. No hubo reunión del consejo. Las decisiones ahora se tomaban en las sombras, en susurros, bajo la única autoridad de Nayra.
Eligió a su equipo con una precisión quirúrgica. Veinte guerreros. No los más fuertes ni los más grandes, sino los más silenciosos. Hombres como Itzli, que habían nacido de la selva y podían moverse a través de ella sin perturbar una sola hoja. Eran los "fantasmas" de la tribu, l