El trozo de piel de venado yacía en el centro de la choza del consejo como una serpiente venenosa. El tosco dibujo era un grito silencioso que resonaba más fuerte que cualquier tambor de guerra. Entreguen a su diosa. O ardan.
El silencio que siguió a la lectura del mensaje fue un abismo. Nayra observó los rostros a su alrededor, su mente analizando cada reacción. Vio el miedo, puro y animal, en los ojos de los ancianos. Vio la ira y la lealtad inquebrantable en el rostro de Itzli, cuya mano se