La guerra se transformó en una rutina agotadora. Por el día, el sonido predominante en la aldea era el rítmico "thump... thump... thump" de las palas de madera golpeando la tierra, mezclado con el jadeo de los hombres que trabajaban en el pozo. Por la noche, el silencio era interrumpido por el eco lejano de los cantos de guerra de los Koo Yasi, una táctica de intimidación diseñada para agotar sus mentes tanto como el asedio agotaba sus recursos.
El pozo se convirtió en el corazón y el alma de l