La tierra del Pueblo de la Serpiente se estaba muriendo. Ocotl, su líder, lo veía cada día. Lo veía en las cosechas de maíz, cada vez más escasas y débiles. Lo veía en los rostros de los niños, con los estómagos hinchados por el hambre. Y lo veía en los ojos de sus guerreros, una frustración que amenazaba con convertirse en desesperación. Eran el pueblo más temido de la región, una serpiente cuya mordedura era letal, pero incluso la serpiente más poderosa muere de hambre si no hay presas.
Los e