La aldea Yuu Nahual se transformó. El ritmo perezoso de la vida agraria fue reemplazado por la cacofonía febril de la preparación para la guerra. El aire, antes lleno del olor a tierra húmeda y maíz, ahora olía a sudor, a madera recién cortada y al miedo metálico que precedía a la batalla.
Nayra se convirtió en el eje de este nuevo mundo. No gobernaba desde un trono, sino desde el barro y el aserrín. Su pequeña figura era una presencia constante y omnipotente. Con una vara, corregía el ángulo