El mediodía del norte trajo consigo una claridad cegadora que rebotaba en las murallas de granito y bismuto de Colmillo de Plata. La nieve acumulada en las almenas comenzaba a derretirse lentamente, goteando como lágrimas de cristal sobre los patios de armas donde los guerreros de la manada pura entrenaban con redoblado vigor. El nacimiento de los herederos imperiales había inyectado una energía mística renovada en cada miembro de la Casa Auren; los lazos de lealtad, antes tensados por la incer