El descenso hacia las entrañas de Colmillo de Plata era un viaje a través de la historia geológica y mística del norte. Mientras las plantas superiores de la fortaleza se adaptaban al bullicio de los carros de tributo del sur que comenzaban a cruzar el puente levadizo, los soberanos se internaban en un silencio absoluto, que solo se rompía por el goteo lejano de las vetas de bismuto líquido que corrían por el interior de la roca viva.
Vanya caminaba con paso firme a pesar del cansancio que aún