CAPÍTULO 56: El laberinto de ceniza
El frío de la medianoche se colaba por los intersticios de la piedra rúnica, pero en las profundidades de Colmillo de Plata, el aire era espeso, cargado de una tensión que hacía crujir las juntas de bismuto de la fortaleza. El rumor del agua congelada en los acueductos del este se había extinguido por completo, reemplazado por un chirrido casi imperceptible: el roce de botas de cuero desgastado contra el metal oxidado de las antiguas tuberías de desvío.
Vanya