El invierno no suavizó su agarre sobre las llanuras centrales, pero las murallas de Colmillo de Plata ya no albergaban el miedo a una invasión; ahora eran el centro desde donde se estrangulaba la economía del continente. Las órdenes de Vanya se habían ejecutado con la precisión de un mecanismo de relojería, y los efectos del bloqueo comercial comenzaban a morder con fuerza en las fronteras exteriores.
En la gran mesa del Salón del Trono, Vanya revisaba los informes arancelarios que los mensajer