El flanco oeste del Valle Central ardía en un espectáculo de fuegos falsos. Tal como Vanya lo había planeado, las setecientas antorchas y hogueras encendidas por Thorin y Branka creaban la ilusión óptica de un ejército colosal marchando en la oscuridad. Desde las torres vigías de Colmillo de Plata, el parpadeo de las luces entre la niebla parecía una marea negra a punto de desbordarse.
Gideon, devorado por la paranoia y el orgullo herido, mordió el anzuelo con la desesperación de un animal acor