El silencio en los sótanos de la fortaleza de Colmillo de Plata era tan espeso que el goteo intermitente del agua en las tuberías de piedra resonaba como tambores de guerra.
Vanya emergió por una de las trampillas ocultas de los almacenes de grano del ala sur, la misma que solía inspeccionar cuando era la Luna de la manada. Su cuerpo se movió con la fluidez de un espectro, su daga plateada lista en su mano derecha. A su espalda, la inmensa figura de Alek apareció sin emitir el menor crujido, se