El regreso a las Colinas de Hierro se hizo bajo el manto de una calma tensa. Con la cabeza de Jarl clavada en una pica a la entrada del territorio noroccidental, el murmullo de rebelión entre los clanes menores se había ahogado en seco, reemplazado por un pavor reverencial. Eldric había intentado quebrar el norte desde las sombras, pero solo había logrado que la manada pura de los Colmillos Negros cerrara filas, con una devoción absoluta, alrededor de la figura de su Alfa supremo y de la fría e