Él me giró suavemente, obligándome a mirarlo.
—Lo que quiero eres tú, Ariel. Quiero verte feliz. Podemos adoptar, podemos formar una familia de otras maneras. Lo importante es que confíes en mí lo suficiente como para dejarme intentarlo.
Le miré a los ojos, viendo la sinceridad y el amor reflejados en ellos. Ese miedo seguía ahí, pero sentí una pequeña chispa de esperanza.
—Christian, yo… yo tengo miedo…
—Lo sé —dijo con suavidad, limpiando mis lágrimas con el pulgar—. Pero no tenemos que pasar