La zona de comidas del centro comercial estaba llena y ruidosa, pero la compañía de Jess y Alicia hacía que todo pareciera mucho más agradable. Habíamos pasado horas corriendo de una tienda a otra, y por fin teníamos un momento para respirar mientras tomábamos un zumo y picábamos algo ligero.
Alicia, siempre animada, empezó a hablar sobre los últimos detalles de su boda. Yo sonreía mientras la escuchaba hablar de flores y vestidos, pero, como siempre, el tema acabó volviendo a Christian.
—¿Y có