Ben volvió como media hora después, sujetando una bolsita de farmacia con la emoción de un crío con un regalo de Navidad. Me entregó el test, y sentí como si el peso del mundo entero estuviera entre mis manos.
—Respira hondo —dijo, dándome una palmada en el hombro—. Venga, vamos.
Asentí y entré en el baño de mi despacho, con el corazón a mil. Tenía las manos temblorosas mientras abría el envoltorio y seguía las instrucciones. Cuando terminé, dejé el test sobre el lavabo y salí para esperar con