— No, gracias. — respondí, intentando mantener la voz firme y alejándome un poco.
— ¿Estás sola o tienes novio? — insistió él, acercándose más de lo que yo quería.
Tragué saliva, sin saber qué responder.
Fue entonces cuando Christian, sin ningún aviso, dejó caer la pesa que tenía en las manos con un estruendo que hizo que todo el mundo en el gimnasio se girara.
Se levantó con una expresión furiosa y vino hacia mí con pasos rápidos. Antes de que pudiera procesarlo, me agarró de la muñeca con fir