Cuando Christian me llevó al baño después del momento mágico en la habitación, sentí el corazón ligero y lleno de gratitud. Él era cuidadoso, dulce. Pasó la esponja por mi cuerpo con calma, con caricias que eran tan íntimas como cualquier declaración de amor. Cerré los ojos, suspirando de felicidad mientras él se tomaba su tiempo para cuidarme.
Cada toque parecía reforzar cuánto quería demostrarme lo que sentía, incluso sin necesidad de palabras.
Cuando terminamos, besó mi hombro y susurró:
— P