Llegar al club fue una experiencia surrealista. En cuanto Christian aparcó el coche y bajamos, mis ojos casi no podían abarcar el tamaño y el lujo de aquel lugar. Cada detalle parecía sacado de una película de Hollywood. La entrada imponente, las luces que le daban un toque glamuroso, el sonido amortiguado de la música alta que venía del salón principal… Era como estar en otro mundo, donde todo brillaba y olía a riqueza.
Christian me agarró la mano con firmeza, entrelazando nuestros dedos, y me