568. JUNTOS Y PERDIDOS
GERÓNIMO:
Miro a Cristal cuando llegamos a la habitación. Todavía no he recuperado la memoria. Sé que es mi esposa y siento que la voy a amar mucho; recuerdo nuestro primer beso, cuando se escapó conmigo, y algunas escenas de sexo. Pero nada más, y eso me entristece, porque veo que ella me adora.
—Cielo, Cielo —la llamo, moviéndola por el hombro suavemente.
—¿Por qué me dices así? —pregunta de inmediato mi esposa con tristeza en la mirada.
—¿No es tu nombre? —pregunto a mi vez sin entende