507. EL DETECTIVE COLOMBO
Después de dar la orden de actuar, yo mismo salgo por la puerta trasera de la galería de Fiorella. Me acerco sigilosamente y le apunto al desgraciado en la frente. Abro la puerta y lo saco a empellones. Fabrizio, junto con los demás, ya han agarrado a los otros y se acerca. Le pasa lo mismo que a mí: no lo puede creer.
—¡Desgraciado! —dice, y le da una enorme patada en el estómago—. ¡Suelta todo ahora mismo o mi Giovanni no dejará nada de ti!
—¡No, por favor, no llamen al Manitas! ¡No lo llame