165. EL GRECO
Anastasio tragó saliva, consciente de que cualquier palabra mal dicha podría costarle caro ante el temperamento impaciente del Greco. Sin embargo, sabía que su deber lo obligaba a hablar, sin importar las consecuencias.
—Usted me pidió que vigilara a sus hijos Maximiliano y Agapy —inició con indecisión.
—Sí, ¿pasó algo con ellos? —preguntó de inmediato el Greco al escuchar el nombre de sus hijos.
—Bueno…, con ellos precisamente no. Es sobre el Garibaldi —dijo, muy serio.
—¿Cuál de ellos? —El Gr