Emma salió del consultorio con los papeles apretados contra el pecho, como si fueran demasiado frágiles para ir sueltos. El pasillo del centro médico le pareció más largo que cuando había entrado. Blanco. Silencioso. Frío.
“Embarazo de riesgo.”
Las palabras no dejaban de repetirse en su cabeza.
No era solo una recomendación. No era un “por precaución”. El médico había sido claro, firme, humano sin suavizar la realidad: reposo casi absoluto, controles constantes, nada de estrés, nada de sobresal