El hospital estaba en silencio.
No el silencio tenso de la emergencia, ni el caos de la madrugada anterior, sino uno distinto: blanco, lento, casi respetuoso. El tipo de silencio que llega después de que la vida ha hecho su entrada con gritos y sangre y miedo… y luego se acomoda, como si pidiera permiso para quedarse.
Emma estaba semirecostada en la cama, con el cuerpo agotado y el alma aún temblando. La habitación olía a jabón neutro, a sábanas limpias, a algo nuevo. Sobre su pecho, envuelta c