El hospital nunca dormía del todo.
Siempre había un zumbido lejano, pasos amortiguados, luces que no se apagaban por completo. Emma llevaba horas despierta, mirando el reflejo borroso de la ventana, escuchando su propia respiración mezclarse con el pitido intermitente del monitor.
Observación.
Esa palabra se le había clavado en el pecho como algo pequeño pero peligroso.
No era una emergencia —habían dicho—, pero tampoco podían enviarla a casa. Su embarazo seguía siendo frágil, inestable, exig