Capítulo 99

El día había pasado lento, como si las montañas quisieran protegerlos de la vorágine que reinaba en la ciudad. Pero en la cabaña no había paz. Había cansancio, heridas aún abiertas y un miedo que se filtraba por cada rendija.

La tarde se volvió noche sin que nadie lo notara. Mateo había encendido las lámparas de aceite, y Clara, recostada en un sillón, luchaba contra el sueño, todavía adolorida por lo vivido en el secuestro. Emma había ayudado a Lucía a vendarse el brazo de nuevo; la herida hab
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