Capítulo 79

La madrugada había teñido la ciudad de un gris azulado. El auto avanzaba sin prisa pero con la tensión contenida de quienes saben que cada minuto los acerca más a un destino incierto. Alejandro conducía con la mirada fija en la carretera, los dedos apretados al volante con una fuerza que hacía palidecer sus nudillos. A su lado, Emma mantenía su mano entrelazada con la de él, como si ese contacto bastara para detener la tormenta que veía formarse en su interior.

Detrás, Mateo repasaba por enésim
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