El amanecer trajo consigo un aire cargado de expectativa. La ciudad despertaba con su bullicio cotidiano, pero dentro del apartamento, cada ruido exterior parecía un recordatorio de que el tiempo corría en su contra. Alejandro no había dormido nada. Desde que Mateo le mostró las coordenadas, no había hecho otra cosa que repasar mentalmente todas las posibilidades.
Emma, en cambio, lo observaba en silencio, sentada sobre la cama con las rodillas recogidas y la mirada fija en él. Veía en cada mov