Mundo ficciónIniciar sesiónSe fueron. El pasillo olía a café viejo y a madrugada. Al bajar las escaleras, Alejandro sintió algo que no había sentido en toda la noche: un hilo de dirección. No era alivio; era una cuerda tensa que iba a un punto claro. La llave pesaba contra su costilla como un latido ajeno.
La estación fluvial, a esa hora, parecía un esqueleto ordenado. Los locales cerra







