Capítulo 69

La madrugada se cernía sobre el apartamento como una manta pesada. El aire olía a humedad y a cansancio, a ese tipo de cansancio que no se cura con sueño, porque no nace del cuerpo sino del alma. Emma estaba sentada junto a la ventana, con las piernas recogidas contra el pecho y la mirada fija en las luces lejanas de la ciudad. No lloraba, no hablaba, apenas respiraba. Era como si su ser entero hubiera aprendido a permanecer en silencio para no quebrarse.

Detrás de ella, Alejandro caminaba de u
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