El amanecer entraba tibio por las cortinas del apartamento, bañando la sala en tonos anaranjados que parecían querer ofrecer un consuelo falso. Nadie había dormido demasiado. La tensión era una cadena que apretaba a cada uno en silencio, y aunque fingían calma, todos sabían que algo estaba a punto de quebrarse.
Emma fue la primera en levantarse. Caminó hacia la pequeña cocina improvisada, buscando distraerse en los gestos rutinarios de preparar café, pero sus manos temblaban tanto que derramó u