El silencio del castillo aquella noche era engañoso.
Emma lo percibía como un animal herido que contenía la respiración, esperando el zarpazo final. Afuera, los aullidos del viento se confundían con los cascos de caballos y el lejano retumbar de tambores de guerra. No era un ataque cualquiera, lo intuía. Era un asedio calculado, una emboscada que venía gestándose desde hacía demasiado tiempo.
Dentro de la sala principal, el grupo se había reunido de emergencia: Alejandro con el rostro tenso, Da