Italia los recibió con un viento cálido que arrastraba olor a pan recién horneado, a limón y a mar. No era un país silencioso, pero tenía una calma distinta, una alegría natural que se sentía incluso al caminar entre desconocidos. Emma se quedó mirando todo desde la ventana del taxi que los llevaba desde el aeropuerto hasta la ciudad costera que habían elegido para explorar.
Calles empedradas.
Edificios color crema con balcones llenos de flores.
Señoras conversando desde una ventana a otra.
Peq