El último día en el castillo no se sentía como una despedida triste, sino como el final natural de un camino demasiado largo. Por primera vez, Emma y Alejandro caminaban por los pasillos sin tensión, sin miedo, sin mirar sobre el hombro. Todo estaba en orden. Todo estaba claro. Todo estaba decidido.
La mañana era luminosa. La luz entraba por los ventanales y hacía brillar el mármol del hall como si hubiera sido pulido solo para ellos. Sofía caminaba entre ambos, sosteniendo sus manos, pero su m