El edificio de familia y menores siempre le había parecido frío, casi hostil, con sus pasillos grises y su olor a papeles antiguos. Pero aquella mañana, mientras Emma caminaba tomada de la mano de Sofía, algo era distinto. Quizá era la luz que entraba por los ventanales. O quizá era que, por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo de lo que pudiera pasar allí dentro.
Alejandro caminaba a su lado, impecable en una camisa blanca y un saco ligero. No por formalidad, sino porque él siempre busc