Mundo ficciónIniciar sesiónEl atardecer cayó lento sobre Casa Esperanza, tiñendo los muros con tonos dorados y rojizos. Desde el jardín, los niños se despedían del día con risas y canciones, mientras Nora los llamaba para cenar. Todo parecía tranquilo, pero Emma no podía ignorar aquella sensación extraña que la acompañaba desde hacía días.







