Mundo ficciónIniciar sesiónEl estudio de televisión parecía un templo erigido al poder de la mentira. Las luces eran más intensas que las de un tribunal, y el aire olía a perfume caro y control. En la pantalla principal, el rostro de Fernando Salvatierra aparecía en primer plano: impecable, el cabello peinado con precisión quirúrgica, la sonrisa de quien ha ensayado cada gesto frente al es







