Capítulo 137

La madrugada cayó pesada, con un silencio antinatural que ni los insectos se atrevieron a romper. El refugio, ahora instalado en una finca más alejada, dormía bajo la neblina espesa. Emma no conseguía cerrar los ojos. Sentada junto a la cama de Nora, observaba los leves movimientos del pecho de la niña, que respiraba con calma, ajena al peligro que se acercaba.

Alejandro patrullaba

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