Mundo ficciónIniciar sesiónLa madrugada cayó pesada, con un silencio antinatural que ni los insectos se atrevieron a romper. El refugio, ahora instalado en una finca más alejada, dormía bajo la neblina espesa. Emma no conseguía cerrar los ojos. Sentada junto a la cama de Nora, observaba los leves movimientos del pecho de la niña, que respiraba con calma, ajena al peligro que se acercaba.
Alejandro patrullaba







