El viaje hacia la Fundación Castillán fue una pesadilla con ruedas. La camioneta negra avanzaba por la autopista sin detenerse, escoltada por dos motocicletas que se movían como sombras en la noche. Clara iba recostada contra Mateo, sus muñecas atadas, los labios partidos por la brutalidad de los golpes que había recibido al intentar defenderlo. Cada bache en la carretera le arrancaba un quejido ahogado, y aunque intentaba disimularlo, Mateo lo percibía todo.
Él, con las manos esposadas detrás