El castillo recuperaba lentamente un aire de normalidad, aunque esa palabra había perdido ya su verdadero sentido para los que vivían dentro. Los días recientes habían sido de tensión, de heridas abiertas y planes a medias. Sin embargo, esa tarde, el silencio en las habitaciones más altas del ala oeste era distinto: no era silencio de miedo, sino de intimidad.
Alejandro, ya curado del brazo tras días de reposo y cuidados constantes de Clara y Emma, se encontraba de pie frente al ventanal. La ca