★Arturth
El bosque se abría ante nosotros como un mar oscuro y hostil. Las ramas retorcidas parecían arañar el cielo, y una neblina espesa se arrastraba por el suelo, ocultando las raíces y las piedras traicioneras. Cada paso nos adentraba más en aquel lugar que la mayoría de los hombres preferiría evitar. Pero nosotros no éramos hombres comunes.
—Estamos cerca —gruñó Leónidas, con su voz grave resonando como un tambor en medio de la bruma—. Puedo oler su magia podrida.
El aire estaba saturado