Apoyada contra la puerta de mi habitación, con el corazón aún latiendo con fuerza, traté de calmar mi respiración. El silencio en el corredor tras la puerta me aseguró que Arthur no había intentado seguirme. Suspiré, aliviada por el pequeño respiro que me había concedido al no insistir. Me deslicé lentamente hacia el suelo, abrazando mis rodillas mientras las emociones en mi interior se revolvían en confusión y rabia.
—Es un idiota —murmuré en voz baja, como si decirlo en voz alta pudiera liber