KAEL
Cuando finalmente salgo, la luz de la mañana me golpea como una bofetada.
No calienta nada. Ni mis huesos. Ni mi corazón. Ni esa rabia fría que se ha instalado en mi vientre desde que lo sé.
Desde que lo siento.
Mi manada se extiende por kilómetros, más allá de los bosques, montañas y ríos. No es solo un grupo de lobos. Es un reino.
Estructurado, jerárquico, temible.
Y hoy, soy el rey.
Cruzo el dominio a grandes zancadas. Cada centinela me saluda, baja la mirada, siente la tormenta a mi pa