SALVATORE
Una vez que los empleados se van, el silencio de la oficina se vuelve casi palpable, cada mueble, cada superficie reflejando el eco de mi propia respiración, cada objeto pareciendo contener el aliento, como si también él esperara lo que vendrá. Me apoyo contra el escritorio un momento, la mirada perdida en la ciudad más allá de los grandes ventanales, las luces de los rascacielos brillando como destellos de vigilancia. La tensión del día se disipa ligeramente, pero detrás de ella pers