KAEL
La siento. Se ha despertado. Y sabe.
El glifo se ancla, vibrante y ardiente entre mis omóplatos. Su grito silencioso atraviesa el espacio como una hoja afilada. Mi cuerpo reacciona antes de que mi pensamiento intervenga.
– Me levanto. Lentamente. Como si saliera de un sueño demasiado real.
La ceniza vuela aún a mi alrededor. El campamento está en ruinas. El fuego está apagado, pero otra llama crece en mí.
– Nerya.
El nombre me rasga la garganta.
– No debería. No debería más. Pero no me imp