Valentina empezó a bajar las escaleras con pasos cansados, como si ya tuviera bastante con la crisis de su madre y ahora tuviera que añadir el encargarse de mí.
Me quedé paralizada, muerta de miedo. Si antes se había alterado tanto solo por escuchar una discusión entre madre e hija, no podía imaginar cómo reaccionaría ahora que yo había estado más que involucrada.
¿Pero qué fue lo que hice tan mal para merecer un regaño?
¿Esta vez qué me gritaría?
¿Por no decirle que no era su hija? ¿Por pe