—No, no, no— se negaba rotundamente Valentina caminando en círculos por la alfombra roja en el centro del despacho— no me puedes pedir algo así papá
Don Manuel sentado en su escritorio, recargando los codos y frotándose la frente con una mano se veía exasperado, solo él sabe el monstruo terco que tiene de hija.
—No se trata si la situación nos gusta a alguno de nosotros Valentina, tengo que cuidar a tu madre y tu sabias que tarde o temprano tenías que aprender a llevar la empresa.
— Y me en