Jefferson había logrado conseguir un trabajo para mí en el taller. No tenía ni idea de autos, motos y motores, pero era un buen mandadero. Todo el día me lo pasaba de aquí para allá, llevando cosas, aflojando tuercas, levantando autos —con el gato hidráulico — cientos y cientos de cosas que ahora, aunque recuerdo, me da una tremenda flojera comenzar a enumerar. La paga no era mucha, y aunque Jack estuviera tremendamente furioso conmigo por dejar de estudiar y ponerme a trabajar, tenía que entre